agosto 03, 2008

"Bonitos gestos" -parte I -



Cristina siempre odió los “bonitos gestos”, el por favor, el gracias, el de nada, permiso, etc. Les tenía recelo a aquellos jóvenes caballerosos que daban el asiento a las señoras y ayudaban a las abuelitas a cruzar la calle.
Todo por que estuvo enamorada de un “Don Juan”, que le había enseñado sobre todos los clichés habidos y por haber, todas aquellas frases hechas para las señoritas buenas mozas y las no tanto pero que se ruborizaban al sentirse lindas.
Cristina no lo necesitaba, siempre pensó que la gente “buena” y la que aspira a serlo se jacta de sus “bonitos gestos” como la buena acción del día, esa que le traía esa sensación de propia complacencia.
Y la verdad es que nadie termina siendo solidario finalmente, están buscando su propia satisfacción.
Cristina ya sabía eso de memoria, no era su problema. Cada día caminaba por el metro y leía Salida/cambio de andén, esperando que nunca aludiera directamente a ella, por que las instrucciones del metro y la ciudad, van para el todo el mundo y nunca le dirían: “Señorita, tenga la bondad de salir en esta dirección y si lo desea, podría combinar con la línea 5, gracias”.
Solo decían eso, lo conciso que interpretado era, “por aquí se sale”.
A veces los jóvenes que tiraban más pinta, eran los menos educados, iban sentados en el metro por que corrían o empujaban a quien fuera.
Pero Tomás nunca fue así, de hecho le tenía un poco de prejuicio a las señoritas primorosas y coquetas. Por que ya había conocido a una “Hombreriega”, no le gustaban los gestos de afecto ni las caricias insinuativas.
Cristina se subió al vagón, mas vacío que encontró, pero sin asiento disponible.
-¿Quieres sentarte?- dijo Tomás.
-Si.- respondió y musito como queriendo ser escuchada solo por él.- “las personas buenas se jactan de sus bonitos gestos”-. Se sentó a leer, sin leer visualizando al tipo lindo que miraba por la ventana la oscuridad del túnel.
-Es mejor eso que las personas buenas que se jactan de sus malas acciones y amoríos, por que se sienten inseguras.
-¿Tu nombre?.
-Tomás.
-Soy Cristina- dijo, sorprendiendose de la sonrisita insinuante.
-Todos terminan siendo “lindos”, especialmente con los desconocidos.
Cristina adelantó el reloj unos minutos, quería que fueran las 11.30 había acordado juntarse con el tipo que conoció en el metro. Era un joven "Bien parecido", que usaba pantalones de vestir y converse. Recuerda como había entrado y le había concedido el asiento. Ella había musitado algunas palabras irónicas.
Tres estaciones más tarde ambos habían bajado, para que en un callejón desconocido se conocieran más "íntimamente". No era que Cristina fuera una "Chica mala", simplemente le gustaba engañarse a si misma y creerse antisocial. Le gustaba pensar y murmurar frases que no fueran muletilla de nadie.
A Cristina le encantaba conocer a desconocidos, aunque suene extraño terminaban siendo más conocidos que muchos aquellos que la fuerza de la costumbre o la rutina ponían en su vida.
Sólo Cristina y Tomás sabían cuales eran los bonitos gestos, y las caricias reales, por que saben diferenciar un “permiso”, a un desconocido que un “permiso” a un desconocido por conocer.